QUERER SER
“La primera ruptura de amistad apuñala de manera diferente a la amorosa. ”
“Es el momento perfecto para un libro sobre el duelo de la amistad, ¿no crees?”, concluye tu amiga, tono ligero y sonrisa triste. Lo dice al despediros tras dos horas dedicadas la una a la otra, arrancadas de las fauces de una agenda que exprime cada día de la semana y convierte cada cita en un esfuerzo.
Dos demostraciones claras de intención en una amistad: planear actividades juntas, quedar para comentar las demás. Las dos sentís que habéis perdido ambas cosas, con la misma persona. Las dos os sentís demasiado mayores para hacer un drama al respecto.
La primera ruptura de amistad apuñala de manera diferente a la amorosa. Entra por la espalda pero te llega hasta el estómago. Igual de letal, más imprevisible. Vives segura en el romanticismo cegador de tus primeros años como adulta: la familia elegida, forjada en los vaivenes de la adolescencia y destinada a independizarse contigo. If you wanna be my lover, you gotta get with my friends. A jubilarse contigo. Make it last forever. A sobrevivir a todo. Friendship never ends. A ser tu sine qua non.
Cuesta más creer que te hayan tachado para siempre. Que no aparezca conectada porque te ha dejado atrás. Cuentas con apenas un par de décadas a tus espaldas, sueñas cada noche con una de tus mejores amigas y estás comenzando a entender que tal vez no todo el mundo elige sus palabras con la misma intensidad fulgurante que tú. Que se puede, de hecho, decir algo y significarlo, y dejar de significarlo después. Que friendship never ends, my ass.
“Amiga Mía”, sugiere ella, tu propia amiga, mientras os abrazais. “O La Amiga Que Me Dejó».
Asientes y os separáis. Vuelves a casa escuchando Wannabe.
