A CUATRO PATAS

¿Quién soy?, ¿qué hago aquí?, ¿qué quiero? La última pregunta de todas parece la menos importante porque hemos inventado infinidad de estrategias para rehuirla, lo que también nos permite evitar las anteriores. La historia de A cuatro patas la hemos leído muchas veces con un protagonista masculino: no encuentro mi sitio, mi tiempo se agota, todo me agobia, tengo que irme, pero debo volver, pero ojalá estar allí. No suelen ser protagonistas simpáticos porque es difícil tener una mirada comprensiva con las cuitas erráticas de la gente que es capaz de poner un piso a sus amantes. La narradora tampoco lo es. Tiene un punto narcisista al que añade un cierto elitismo que provoca unos rechazos viscerales que pueden oscurecer la novela si uno olvida que los personajes no tienen por qué ser coherentes y caer bien. La novela narra ese momento de la vida en el que, como en las partidas de ajedrez, se acaban los movimientos posibles y la amplitud del tablero se vuelve angustiosa. El deseo aparece como una posibilidad de vida y es confuso y caprichoso y desconcertante. Se hace el ridículo y se prueban cosas como una manera de intuir respuestas a las preguntas porque no hay mejor manera de descubrir nuestro cuerpo que dejarnos tocar por otro. No hay mejor manera de descubrirnos que desear algo. 

A CUATRO PATAS

MIRANDA JULY / PENGUIN RANDOM HOUSE/ 2025

JORGE DIONI

AUTOR