La novela de Agustín Gómez Arcos narra la relación incestuosa entre dos hermanos de una familia burguesa derrotada en la Guerra Civil. La voz narrativa del niño, ya adulto, recuerda al padre ausente, la madre terrible y el hermano abusador, con el que desarrolló una relación afectiva de protección y dependencia. Junto a ellos, la criada, personaje lleno de caminos que no pudo comenzar.
Si el olvido es lo que deja paso a los vivos, es una novela de fantasmas, cinco personajes muertos en vida que sólo saben relacionarse en estructuras de poder, lo que impide cualquier atisbo de amor o ternura. Cualquier vulnerabilidad conduce a la destrucción, algo que el narrador entiende perfectamente. Es fácil pensar en él desde el título. La inocencia arrancada de cuajo construye un personaje consciente de que su condición indefensa será lo que le permita no sólo sobrevivir, sino insertarse en esa estructura de poder. Incluso, ejercer de cabeza de esa familia de fantasmas en un final al que se agradece que huya del drama y la sangre. ´
La inocencia puede ser terrible. El dócil corderito es capaz de devorarnos cuando entiende que su fuerza no pasa por rebelarse, sino por reclamar su deuda entre besos alegres. Es una novela infinita que no se debe prestar para poder leerla varias veces.