Sabemos que vamos a morir, pero nunca terminamos de creerlo.
Vivimos como si el tiempo fuera una promesa renovable.
Nos perdemos entre lo urgente y lo importante, con la ilusión de que sabemos distinguirlo o que pueden separarse.
Habitamos la urgencia de medirlo todo: en tiempo, en cantidad, en certezas.
Pretendemos marcar los tiempos mientras vivimos con prisa para todo y con demora para lo que nos sostiene.
Postergamos, con fe ingenua, lo esencial.
Queremos medir el dolor o el amor, como si tuviera sentido ponerles límites.
Queremos vivir con sentido sin usar los nuestros: miramos sin ver, oímos sin escuchar.
Permanecemos de forma automática, como respiramos.
Nos mantenemos gracias al Oxígeno y a la mezcla de azar y decisión que sostiene la vida, y descarta otras posibilidades.
Vivir es escoger, aunque sea inconscientemente.
Sabemos que vamos a morir, y de repente nos los recuerda Marta Jiménez Serrano.
Nos activa la escucha: leemos a quien nos habla de la vida cuando está a punto de perderla.
Nos trae a la memoria que vivir es elegir con atención.
Así que escogí, con todo el sentido, acompañarla, escucharla, leerla y sostener ese momento (este fragmento) como si fuera eterno.