Nubosidad variable

La primera vez que leí Nubosidad variable tenía 22 años. Tenía amigas de siempre, de las del colegio;  había perdido a otras a las que consideraba amigas pero que resultó que no lo eran;  y creía en la amistad de los libros que había leído. Y entonces llegó Carmen Martín Gaite, con su Sofía y su Mariana y su amistad a través del tiempo y a pesar de la vida. Y entendí que las amigas salvan aunque no sepan que lo están haciendo y que escribir cura almas y reordena quereres y que la prosa no es necesariamente prosaica aunque  prosa y prosaica compartan las entretelas.

La Gaite no está lo suficientemente reconocida. Como tantas otras. Pero la Gaite tiene el poder de la introspección, del análisis de los sentimientos y de las imágenes hechas con palabras. Y Nubosidad variable no deja de ser lo que nos pasa a todos cuando ya llevamos a cuestas algunas décadas y nos paramos a pensar lo que hemos hecho con nuestras vidas, quereres y sueños. Mariana y Sofía se reencuentran después de haber comprobado que la realidad de sus  vidas no tiene nada que ver con aquello que soñaban cuando estaban en el instituto y el mundo estaba sin estrenar. Que el matrimonio no siempre es la panacea ni tampoco la carrera profesional. Pero tener cerca a alguien a quien se le puede contar…eso es un lujo.

Hay lecturas que no corren aventuras ni solventan misterios. Sólo discurren lentas mientras ponen en su sitio la vida. Nubosidad variable lo clava. 

NUBOSIDAD VARIABLE

CARMEN MARTÍN GAITE / ANAGRAMA / 1992

FLOR PRIETO

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