AMISTAD

FOTO:NIEVES ÁLVAREZ

“ Mis lecturas infantiles y juveniles también hablaban de una amistad a prueba de bomba, que empezaba con trenzas y acababa con canas.”

Leo El peligro de la historia única de Chimamanda Ngozi a mis alumnos. Empieza contando que ella, nigeriana y con su pelo afro, quería ser, cuando era pequeña, como los niños que leía en sus libros ingleses y americanos. Yo también. No tengo el pelo afro y soy asturiana pero yo quería merendar mantequilla de cacahuete y galletas de jengibre porque lo hacían aquellos niños que leía cuando era niña. 

Mis lecturas infantiles y juveniles también hablaban de una amistad a prueba de bomba, que empezaba con trenzas y acababa con canas. 

Según cumplí años me di cuenta de que estaba inmersa en el peligro de esa historia única que cuenta que la amistad se fragua en la tierna infancia y ya. Qué suerte la mía al desmontar esa historia.  

Tengo amigas que han llegado con el trabajo, con la maternidad, con las arrugas. Son amigas a los que no se espera, no salen en todos los libros y en cambio escriben páginas geniales. Son amigas ya sin filtros, que hablan claro, que saben cuándo hacen falta vinos o lloros. O lloros y vinos. También saben de risas escandalosas porque la edad permite reírse sin moderación. Son amigas que llegan cuando los padres ya son mayores, cuando visitamos tanatorios y salas de espera, cuando nos aprietan las tallas que ya no gastamos, y las preocupaciones son más económicas, familiares o  de la salud y menos filosóficas. Porque la filosofía, a ciertas edades, le deja sitio a la frivolidad y de eso saben mucho las amistades de cierta edad. 

Enid Blyton me hizo creer que Julián, Dick, Ana y Jorge iban a ser únicos (y que la mantequilla de cacahuete estaba buena). Tuvieron que llegar otros a desmontar esa teoría: la juventud es divino tesoro pero en lo que se refiere a la amistad, no tiene la exclusiva.

 

FLOR PRIETO

AUTORA